viernes, 12 de diciembre de 2014

Un hombre de Almargen

Quizá me he permitido una licencia demasiado grande titulando así la reseña. No tengo nada contra mis paisanos de provincia de Almargen (todo lo contrario), pero me parece gracioso el juego de palabras. No hay ninguna segunda intención. Nada más.


Alexandre Postel es un novelista joven (32 años) que debuta con este interesante título en el que un profesor es acusado de posesión de imágenes pedo-pornográficas (es la denominación textual que se emplea, desconozco si fruto del autor o del traductor) y dispone de 213 páginas para demostrar su inocencia. Varias son las etapas por las que pasa, que son divididas en dos grandes partes: los días atroces y los días feroces.

Desvelo trama en el siguiente párrafo. Pasado el mismo se puede seguir leyendo.

Realmente, la inocencia o culpabilidad de North, que así se llama el personaje principal, no me ha parecido lo más importante del libro. La reflexión resulta mucho más profunda, llevándonos a interesantes aspectos sobre la complejidad del ser humano y sus relaciones con los demás, o la ausencia de ellas. North es un hombre viudo, que no ha vuelto a tener relaciones con mujeres, que apenas cuenta con vínculos familiares cercanos y que un día, de buenas a primeras, se ve metido en un berenjenal en el que no pinta nada, sin tener a nadie en quien apoyarse para salir adelante. Es casi obligado por su abogado a declararse culpable sin serlo, y es procesado y encarcelado, llegando a perder por momentos el control de sus actos. Cuando se descubre el error cometido por la justicia, quizá es demasiado tarde; North siente la aproximación de la gente, pero tampoco es el mejor momento para acogerla, y en el fondo, no es su condición, por lo que vuelve a sentirse marginado e incluso nuevamente culpabilizado. En mi opinión, queda tocado de por vida.

Tenía ganas de leer este libro desde que vi una mención que le hicieron en 'Página dos', el programa literario de La 2. Al contrario que en la inmensa mayoría de las ocasiones, no me importó saber un poco a lo que me enfrentaba, aunque naturalmente no profundicé. Sopesé la posiblidad de comprarlo, pero surgían siempre otros (mi presupuesto no es ilimitado por desgracia), y al final, sin tenerlo previsto ya a corto plazo, apareció en la estantería de novedades de la biblioteca y cayó en mis manos. Se lee rápido y a pesar de las constantes reflexiones y disertaciones, no me dio la impresión de un libro pesado ni demasiado denso. No parece una historia de un debutante, por lo que seguramente Postel nos depare nuevas e interesantes creaciones, a las que habrá que estar atento.

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